miércoles 3 de febrero de 2010

Colombia

¡Hola afamadxs! Bienvenidxs otra vez a otro episodio de mi aventura en su etapa final: Colombia. Este mes me voy a dedicar a conocer este país que tiene maravillosas costas, sierras y selvas. Creo que con el tiempo que tengo tan solo me va a dar tiempo a olisquear un poco sus aromas y a poco más. En los lugares en los que de momento he estado dan ganas de quedarse días y días y la fecha de vuelta ahí está.

Pero voy a retornar a Bogotá, donde os conté que aterrizé hace ahora semana y media.

Nada más llegar me sorprendió una manera de hablar en general muy amable, tanto los trabajadorxs del aeropuerto como los chóferes de los taxis. Muy común aquí en las tiendas y puestecitos de la calle es que el vendedor o vendedora atraiga tu atención u ofrezca su ayuda diciendo: ¡A la orden! Lo que en España serían palabras a nivel de régimen militar aquí equivale a un: ¿Puedo ayudarle?

También me chocó el que lxs motoristas están obligados a llevar un chaleco refelectante con el número de matrícula serigrafiado en pecho, espalda y también en el casco. Esto se debe a que en una época de mayor peligrosidad era más facil reconocer a un posible piloto bandolero si se bajaba de la moto e intentaba escapar...

Las calles están llenas de gente que ofrece teléfonos móviles para si no tienes saldo llames a quien quieras con tarifas mucho más económicas que una cabina de teléfono. Esto ya lo había visto en Perú y Bolivia pero aquí en Colombia se encuentran en practicamente todas las esquinas.

En Bogotá estuve tres días. Como ya contaba fui maravillosamente acogido en casa de Moniq, una bogotense que estudió en Madrid, amiguísima y compañera de la facultad de mi hermana Cris. Fue bonito verla despues de ¿seis años? y escuchar su auténtica forma de hablar colombiana, no aquella que tenía cuando estaba en Madrid jaja. Te lo dije mil veces pero te lo sigo diciendo, muchas gracias por todo majísima.

Conocí su centro histórico, el barrio de la Candelaria, subí al cerro Monsterrate para conocer la amplitud del nucleo urbano. Fui al Museo del oro y otro moderno museo de ciencias llamado Maloka al que además entré gratis gracias a una amiga de Moniq. También viajé solo en el Transmilenio, un interesante sistema de buses que funcionan en un carril exclusivo. Es como un metro por encima de la tierra.

En fin, hice todo lo que se suele hacer en estas grandes capitales menos salir de rumba (fiesta) porque no me coincidió en fin de semana.

Salí de Bogotá para pasar unas horas en Zipaquirá y conocer su catedral de sal. Es un sitio único en el mundo porque es una catedral construida en los intestinos de una antigua mina de sal y aledana a una mina que se sigue explotando. Tienen varios pasadizos y grutas en los que han construido un abstracto corpus cristi y por supuesto también tiene su altar y todos los elementos de una catedral, pero hechos en su mayoría de sal.

Por la noche llegué a Villa de Leyva, un agradable pueblito de calles empedradas con arquitectura colonial con una plaza Mayor bastante grande y característica. En esta plaza por la noche se juntan grupos a beber botellines por 50 cts de euro y se genera un ambiente muy agradable.

Al día siguiente conocí las cascadas de Periquera en un agradable paseíto por la montaña. Me encantó reencontrarme con la naturaleza y refrescar los pies en el río. También subí a un cerro con un pequeño Cristo donde obtuve una placentera sensación de relax incluso con las tormentas que desde ahí se veían en los alrededores y que amenazaban con llegar a donde yo me encontraba. Ni una gota me cayó.

Mi siguiente viaje fue a la localidad de San Gil, también a modo de escala, donde conocí el Parque Natural de El Gallineral, una pequeña concentración de una especie de árbol que se llama Gallinero y del que cuelgan unas plantas que le dan aspecto de barbas. Un lugar bello aunque me pareció más un jardín que un parque natural.

Desde aquí dormí en mi primer bus con placa colombiana para llegar a Santa Marta y rapidamente tomar la conexión a Riohacha. Este lugar en La Guajira a orillas del Caribe es la puerta para explorar el Cabo de la Vela, situado en un desierto en una zona muy septentrional y no lejos de Venezuela. Contraté un tour para pasar dos días y una noche en este sugerente sitio.

La noche antes de salir conocí Riohacha en fiestas, con vallenato en directo en la playa, buen ambiente, mucha gente por las calles. Este ambiente lo aprovecharon dos amigos de lo ajeno en un momento de descuido y fuí despojado de una de mis pertenencias más valiosas entre otras: mi cámara de fotos.

No quiero contaros como fue porque no tiene importancia, me ha dado que aprender y es mejor que me haya pasado ahora que todavía no tenía muchas fotos de Colombia.

La excursión que empezó bien pronto a la mañana siguiente me hizo olvidar un poco el disgusto. El grupo de gente con el que viajé era para hacer una película. Por una parte una pareja de novixs colombiana y argentino, ella de 24 años y el de 60. Este señor tuvo un detalle maravilloso conmigo. Conociéndome de quince minutos y tras escuchar la historia de mi asalto me ofreció su cámara y me dió su dirección de Buenos Aires para que se la enviara cuando acabara el viaje. Me di cuenta en breve periodo de tiempo de que hay gente mala y que hay gente buena.

La otra pareja que cerraba nuestro grupo de cinco también era peculiar. Dos chicas de Medellín que estaban de guayabo (resaca)y que nada más subir al Jeep en su hotel estuvieron bebiendo cerveza y aguardiente "para curarse" jajajaja.

El último personaje era el guía-conductor Don Ramón, un venezolano de sesenta años que no paraba de reírse y de contar historias con su característico acento. Este hombre es de origen Wuayúu, los aborígenes de La Guajira y no paró de saludar a primos y primas durante el camino de los dos días por supuesto hablando su lengua.

Después de cargar gasolina de contrabando venezolana empezamos nuestro viaje.

La mayor parte del camino fue cruzando el desierto. En Manaure conocimos sus explotaciones de sal y pude escalar una montaña hecha exclusivamente de sal. También pasamos por Uribia antes de llegar al ya citado Cabo donde nos bañamos en la playa y después disfrutamos de una puesta de sol maravillosa, limpia de nubes y con el sol en forma de bola roja incandescente.

Mientras tanto, la pareja de colombianas no paró en todo el día de curar su resaca y el resto del grupo nos unimos al aguardiente antioqueño. Por la noche terminamos las reservas en la playa alumbrados por una luna que parecía una farola. En este escenario las chicas me acabaron confesando que vivían juntas, que eran pareja y que ya tengo sitio para dormir en Medellín. Unas personajas jajaja.

La noche la pasé en una hamaca a orillas del mar donde dormí como un bebé y donde amanecí saludado por la tranquilidad de El Caribe. Surcando el desierto en el Jeep alcanzamos el cerro Pilón de Azucar y nos dimos otro refrescante baño en la playa antes de volver a comer para retornar a Riohacha.

Tras despedir al grupo y devolver la cámara como gesto de humildad a tan amable señor pasé otra noche en esta ciudad y al día siguiente (ayer) retorné donde me encuentro ahora, la ciudad de Santa Marta. Aquí me he hecho con otra cámara ya que realmente un viaje y un blog sin fotos es como una cena de amigos sin cerveza así que estoy otra vez listo para mostraros los colores de mi aventura.

En el día de hoy he conocido Taganga, una zona con playas a quince minutos de aquí mucho más bonitas que la de la propia ciudad y donde he disfrutado de un maravilloso día de sol. Estoy aprendiendo a estar solo y aunque va bien, es cosa menos facil de lo que pensaba.

Agradezco mucho la libertad de la soledad y estoy reflexionado y pensando en muchas cosas lo cual es maravilloso pero es cierto que echo de menos a mi compañero de viaje Juanín. También llegados a este punto de viaje, después de casi cinco meses sin parar echo de menos a otras personas y lugares. Pero no os cuento esto como algo malo, ni mucho menos, tengo muchísimas ganas de aprovechar a tope y seguir el ritmo hasta que vuelva en un mes escaso.

Mañana me voy para Cartagena de Indias donde espero pasar un fin de semana inolvidable. Ya os contaré. Me despido con la sensación de haberos contado muchísimas cosas. Voy a tratar de recopilar fotos de internet para mostraros algo de las que perdí pero lo haré en otro momento.

Mil millones de besos y muchísimas gracias por leerme.

martes 26 de enero de 2010

La odisea de un largo viaje

¡Hola amigos y amigas!

Llevo un montón de tiempo sin dar noticias, pero es que llevo un montón de tiempo sin estar establecido en ningún sitio, viajando a tope rumbo a la ciudad a la que llegué hacer un par de días. Como bien os conté mi destino era Colombia y en su capital Bogotá me encuentro. Pero como es menester, paso a contaros la larga ruta que me ha traído hasta este país cafetero.

Después de efectivamente comprobar que desde Salta no había conexión directa con Perú nuestra opción más lógica era introducirnos en Bolivia y tratar de tomar una conexión con la ciudad peruana de Arequipa desde La Paz. En este sitio yo quería visitar el cañon del Colca y ver de cerca mis tan ansiados cóndores, actividad que nos quedó pendiente en nuestra primera etapa del viaje.

Miedo me daba el volver a Bolivia para tener que viajar en autobuses no reclinables durante decenas de horas sobre carreteras sin asfaltar sobrecargados y sin baño pero no había alternativa.

Tras dormir una segunda noche consecutiva en un autubús llegamos a La Quiaca donde despedimos a Argentina y pisamos territorio Boliviano en el paso de Villazón. Pronto nos enteramos de que había un tren que nos podría llevar a Oruro saliendo ese mismo día y llegar a la mañana siguiente. Dormir en una butaca no nos emocionaba pero viajar sobre raíles nos atraía bastante así que después de pelear un poco por ellos debido a la demanda pudimos conseguir dos pasajes. Disfrutamos de unos paisajes preciosos, una noche plagada de estrellas desde la ventana y también pude utilizar un transporte que hasta ahora no había usado en mi viaje.






En Oruro Ighal pudo sorprenderse con la manera de vivir en las calles Bolivianas y yo sentí una grata sensación de volver a disfrutar de esas cosas que tan nuevas eran para mi cuando pasamos por este país hace unos tres meses. Cholitas y vendedorxs de todas cosas las cosas imaginables por las calles, combis que te llevan a cualquier lado de la ciudad , precios baratísimos para todo, calles sin asfaltar, vehículos con más de 30 años semidestruidos circulando de un lado para otro y cientos de niñxs correteando. También vimos ensayos de grupos que participan en su histórico carnaval aunque no estaban disfrazadxs.







No había tiempo que perder y esa misma tarde salimos en dirección a La Paz para reecontranos con una cama después de tres noches. También fue grato el volver a esta loca ciudad donde la última vez que la despedí pensé que no volvería en largo tiempo.


No estuvimos muchas horas ya que a la mañana siguiente nos avisaron de que inminentemente empezaba una huelga de transportes indefinida en todo el Perú así que debíamos salir sin falta ese mismo día. Nos hicimos con unos boletos de bus para transportarnos directamente a Arequipa, haciendo un cambio de bus en la frontera.

En la ciudad de Copacabana en el lago Titicaca de Bolivia es donde teníamos que hacer el cambio de bus.Nos dijeron que no salían buses ya que la huelga había empezado y nos obligaron a pasar la noche en Puno, tras cruzar la frontera y llevarnos hasta allí. Os recuerdo que la huelga era indefinida y no sabíamos cuando ibamos a poder salir de ahí. Una sensación de atrape se apoderó de mi ser.





Nadie nos informaba, casi todas las oficinas de las empresas en la terminal de buses estaban cerradas y en sus alrededores se empezaban a juntar taxistas ofreciendo transportes a precios desorbitados. Cuando nos confirmaron que esa noche tampoco saldríamos para Arequipa decidimos comprar un pasaje para viajar durante toda la noche a la única ciudad a la que algunas compañías si salían: Cuzco.Tuvimos que sacrificar nuestra idea de conocer el Valle del Colca y por supuesto perdimos el dinero del pasaje anterior. La única compensación fue una visita a las Islas flotantes de los Uros ya conocidas por mí.

Esta vez la visita fue a última hora de la tarde y tras volver a recibir la explicación acerca de como viven allí y como se construyen las islas el Sol siguió su camino rodeando la Tierra y dejándonos sin luz pero obsequiándonos con un espectacular atardecer reflejado en las aguas del lago Titicaca.






Muy cerca de Cuzco es donde Ighal va a pasar un poco más de un mes haciendo un trabajo voluntario para una ong así que a el le vino maravillosamente llegar por fín. Esta ciudad, aunque demasiado turística, es maravillosa y pasamos dos días estupendos perdiéndonos por el barrio de San Blas, viendo desde un punto de vista no turístico su majestuosa plaza de armas y descansando del puñado de kilómetros que llevábamos en el cuerpo. También compartimos risas y conversaciones con gente conocida a lo largo de la aventura desde Copacabana.



Por cierto, en el post que escribí en mi primera visita a esta ciudad, expliqué algo acerca de la piedra de las doce caras, pulida extraordinariamente por los incas.La foto que puse no correspondía con la verdadera piedra ya que yo estaba equivocado pensando que era otra. Aproveché mi vuelta para poder conocer la verdadera y aquí os dejo la muestra.




La sensación de atrape, el pensar que me queda poco más de un mes de viaje, que cuatro meses que llevo viajando se han pasado tan rápido como el puente de Mayo, después de calcular que llegar a Bogotá me llevaría diez días desde Cuzco si cuadraran todos los horarios de buses y teniendo en cuenta que por Perú no me podía mover por tierra me llevaron a comprar un vuelo para la ciudad de Lima y otro para poder llegar a Bogotá dos días más tarde.

Me despedí de la capital del Imperio Inca y de Ighal el pasado viernes por la mañana.

Igalín, ya sabes que ha sido un verdadero gusto el viajar contigo. Gracias por aguantar mi ritmo y sobrevivir a la paliza. Nos conocemos desde hace unos trece años pero no nos habíamos conocido tan bien como ahora. ¡Hasta muy pronto y mucha suerte en tu viaje!

En Lima, otra ciudad a la que jamás pensé que volvería tan pronto volví a ser adoptado por la familia de Luis como uno más. Un verdadero placer compartir todos esos litros de cerveza, poder olisquear como es la noche limeña y reconfortarme en tu comodísimo sofá para pasar una noche.



Al día siguiente dejé atrás Perú por los aires y entré en territorio Colombiano. Dormí o mejor dicho nodescansé en cuatro sillas en el aeropuerto de Cali con mi inseparable macuto haciendo las veces de almohada ya que la conexión con Bogotá salía al día siguiente por la mañana. Es curioso, sin contar al personal de seguridad era yo la única persona en toda la terminal.

Bien pronto por la mañana y cuando el aeropuerto empezó a llenarse de gente como es normal en un sitio así dejé mi lugar de pernocta para ser recibido en Bogotá.



Aquí me encontré con Moniq, una vieja amiga de mi hermana que me acogió en su casita y en la que hasta a día de hoy estoy compartiendo hogar. También me he encontrado con Monik, aquella simpática mujercita que compartió nuestra fiesta de cumpleaños de Juan y con la que pasamos agradables ratos en Buenos Aires así que sigo sin estar solo.

Mi larga odisea termina aquí, por supuesto que ya no me siento atrapado si no con unas ganas locas de iniciar mi aventura por este prometedor país.Os contaré que me está deparando esta gran ciudad en mi próximo post desde... ¡no sé! la improvisación es ahora mi única compañera de viaje.

Mil millones de besos con aroma de café.

viernes 15 de enero de 2010

Despedidas y nueva etapa

Hola lectorxs, un saludo muy fuerte para todxs y sobretodo para todxs a los que os he despedido en los últimos días. Siempre pertenecereis a este blog porque siempre pertenecereis al viaje ;-)

Era en Salta donde nos encontramos por vez primera con Argentina y en Salta estoy de nuevo. Aquí escribo el que va a ser mi último post desde este país.

Titulo el post de esa manera porque llevo unos días de despedidas desencadenadas. Despedidas de gente y de lugares que me han parecido encantadoras y me han hecho sentir muy agusto. No estoy solo porque Ighal ha decidido acompañarme para recorrer unos cuantos kilómetros juntos. Su destino es Cuzco en el Perú así que hasta llegar a un punto cercano nos cuidaremos el uno del otro.

Pero volvamos a Buenos Aires, la gran capital federal donde hace casi diez días os contamos que llegamos. Todos ese tiempo hemos estado por allí redescubriendo lugares y conociendo gente muy simpática. Hemos estado en un hostel en el corazón de el barrio de San Telmo donde nos hemos sentido muy agusto y hemos congeniado con la mayoría de los allí alojadxs. Por allí vimos la casita más estrecha de la ciudad y una donde vivió Mafaldita. También un cuidador de perros profesional que paseaba a todos esos perrxs juntos.













En la plaza de Mayo nos tomaron esta, la peor foto que se puede tomar de un grupo pero que queda un rato graciosa. Os dejo que la analizeis jaja.






Cecile tenía que ser la primera en despedirse el día ocho por la mañana. Antes tuvo tiempo de conocer la noche del barrio de San Telmo y de pasear con Juan para decirse los ultimos tequieros a los ojos hasta que se reencuentren en París mientras yo paseaba con Leandro por el barrio de la Boca. Mucho más interesante conocerlo en su parte no turística. Merece la pena conocer sus entrañas y ver los conventillos donde vive gente en condiciones tan humildes. Podría haber tomado decenas de fotos pero por seguridad no me llevé la cámara.

Ighal ha pasado mucho tiempo con nosotros pero tenía alojamiento con su familia así que a veces ha estado presente en historias que cuento y otras veces no.




Durante la ultima cena con Cecile hicimos esta foto considerada como la oficial de despedida. Un placer disfrutar de tu compañía, de tu jerga hablando español y de todo lo que hemos conocido juntos. Espero que nos veamos esta primavera por Madrid o por París. ¡¡Un beso fuerte churi!!








El último día de Leandro fue relajado para que hiciera sus últimas compras y nos bebieramos las ultimas Quilmes juntos. La inevitable despedida fue el día nueve por la mañana y a partir de ahí Juan y yo nos sentimos muy solos.

Galeguín, que ilusión me ha hecho verte y recordar todo lo que vivimos antes. Me alegro mucho de que hayas sido parte de esta aventura porque te echaba mucho de menos. En cuanto pueda iré a nuestra querida isla verde tomarme unas Beamish de verdad. ¡¡Un beso fuerte rapaz!!

Sintiéndonos menos solos con las apariciones de Ighal fuimos a conocer lugares como el Delta del río Paraná, un sitio magnífico al que no le dedicamos el tiempo que se merece. Consiste en muchas islas sobre el río donde puedes tomar un baño, relajarte o hacer barbacoas. Es muy grande y sólo tuvimos tiempo de dar un pequeño paseo.

También conocimos la Plaza Mafalda, un sencillo lugar que homenajea al famoso personaje de Quino ya citado varias veces en el blog, situada en la zona de Palermo.















Esa misma tarde nos reencontramos con Bárbara y Paula, dos porteñas que conocimos en nuestra visita a Cafayate. Acordamos cenar al día siguiente en un delicioso tenedor libre vegetariano para celebrar el cumpleaños de Juan. A esta fiesta también se unió Mónica, una simpatiquísima colombiana de Bogotá que conocimos en el hostel. No sólo era la cena de cumpleaños si no también de despedida. Juan partió esa noche camino del aeropuerto.




Juanín, ¡que te voy a decir que no sepas! Ha sido un verdadero placer compartir este tiempo contigo. Nos hemos conocido aún mejor y creo que es maravilloso el habernos llevado así de bien pasando tantísimas horas juntos. Hemos pasado la prueba con sobresaliente alto. Te quiero tío, ¡hasta pronto donde sea!

A la mañana siguiente Ighal y yo fuimos a pasear de nuevo por la Boca, esta vez para conocer la Bombonera.










Por la tarde nos encontramos con nuestras amigas argentinas y más amigxs suyos para patinar sobre hielo y refrescarnos del calor. Buenas risas y buenos culetazos. Esa noche nos despedimos también de ellas para durante el día de ayer tomar el bus que nos ha traído hasta aquí en un viaje de más de veinte horas. Esta noche toca tomar otro y dormir porque tenemos los destinos muy claros.

Buenos Aires es una ciudad que realmente me ha cautivado y eso que es una ciudad repleta de tráfico, contaminada y con un ritmo parecido al de Madrid. Es el sitio al que he dedicado más tiempo durante el viaje y he aprendido vagamente a moverme por sus calles y a no sentirme de fuera. Me he sentido muy inspirado tomando fotos. Os dejo aquí un par de ellas.








Yo llegaré a Colombia dentro de los próximos diez o doce días improvisando mi ruta por carretera. De primeras pensábamos cruzar directamente a Perú desde aquí pero no hay servicio así que nos vamos a aventurar por Bolivia y sus maravillosas carreteras sin asfaltar.

Os iré contando cuando pueda mi odisea. Gracias por estar ahí. ¡Muchos besos argentinos!

miércoles 6 de enero de 2010

Iguazú

¿Que tal el nuevo año afamadxs lectores? Nosotros por supuesto sin parar ni un minuto. Escribo desde la ciudad de Buenos Aires adonde hemos llegado después de conocer las alucinantes cataratas del río Iguazú.

Desde Mar del Plata escribíamos la última vez. Allí pasamos una estupenda fiesta de fin de año y recibimiento del nuevo.




Vimos las campanadas de Telemandril por internet en la medianoche española a las 20 h. de aquí y tomamos uvas. Leandro y Juan en su formato tradicional de fruta y Cecile y yo en forma de vasitos de vino. Fue divertido sobre todo para lxs no españoles que observaron la para ellos extraña tradición. El día 1 también es tradición el descanso y lo pasamos en la playa aunque sin mucho sol.

El día 2 nos esperaban 21 horas de autobús por delante. Partimos con destino a Puerto Iguazú e hicimos una escala intermedia en Buenos Aires. Allí nos juntamos con Ighal, un viejo amigo madrileño que para muchxs de vosotrxs es conocido. Este chico es una caja de sorpresas y no hace mucho tiempo nos escribió un mail para decir que estaría en la capital federal durante estos días para un encuentro familiar. Cuando le contamos nuestro plan de conocer las cataratas rapidamente se unió a nosotrxs.

Poco hemos hablado de los buses en los que pasamos tantísimas horas. Hay varias modalidades, dependiendo de lo que se pueda gastar:

Bus normal, donde se va sentado como en la mayoría de los buses españoles de largas distancias.

Bus semi-cama, donde en el asiento del pasajero que va delante tuya se despliega un soporte para apoyar las piernas y poder descansar un poquito más. Juan y yo hemos venido usando este tipo la mayoría de las veces.

Bus cama, donde hay solo tres asientos en cada fila ya que los asientos son considerablemente más anchos, mullidos, se reclinan bastante y tienen un soporte más amplio para apoyar las piernas. Son mucho más comodos que un avion en clase turista y se consigue conciliar el sueño placidamente.








En este último servicio que también incluía comida, desayuno, snacks y un puñado de películas dobladas en español neutro llegamos a Iguazú. Nos alojamos en un hostel con piscina que nos alivió del calor sofocante que humedecía nuestros cuerpos de sudor de manera insoportable.

Las cataratas se encuentran justo entre las fronteras de Paraguay, Argentina y Brasil. Primero fuimos a conocer el lado argentino durante un día completo. El Parque Nacional está situado en un paraje selvático aunque parece más bien un parque temático. Todo está muy bien explicado e indicado con carteles y los senderos y pasarelas están muy cuidados.








El lugar está plagado de fauna: conocimos aves, lagartos, diferentes clases de insectos y unos bichos con los que Juan tiene un trauma infantil relacionado con robo de comida: coatíes. De estos últimos había decenas que se paseaban entre los turistas y estaban todo el rato al acecho para hacerse con algo que llevarse a la boca.




Muy bonitas y simpáticas eran un tipo de mariposas de las que había montones. Se posaban en las manos o en la ropa y se quedaban contigo hasta que se aburrían.




En este variado ambiente pudimos sorprendernos con la grandeza de estos saltos de agua. Desde luego agua es la mejor palabra para describirlos. Litros y litros que chorrean de un montón de sitios, los más altos con una caída de 65 metros. Todo ello producía un sonido fortísimo con el que bien facil era evadirse de todo. Lo unico e inevitable es que había demasiada gente preocupada por sacar fotos y eso rompía mucho la magía.





















Durante un cuarto de hora nos embarcamos en una lancha con motor que nos llevó a empaparnos justo debajo de las cataratas para refrescarnos y para poder ver la magnitud de las mismas desde muy cerquita. ¡Increíble!














El segundo día nos fuimos a la ciudad de Foz do Iguaçu en el país de la samba para obtener otra perspectiva de las cataratas. Además pudimos manejar reales y escuchar un poquito de portugués en el transporte público con el que fuimos.

En Brasil el recorrido es mucho más corto pero la vista que se obtiene es mucho más amplia. Además tienen unas pasarelas que están situadas encima de las caídas de agua y también es facil sentirse muy cerca y acabar completamente empapado.




















La organización del parque es mucho peor que en Argentina y es bastante más caro entrar pero las cataratas son tan bellas que nos volvimos plenamente satisfechxs.

Cruzamos la frontera de vuelta para llegar a tiempo de tomar el mismo bus cama con el que vinimos durmiendo y llegamos a Buenos Aires al mediodía de hoy. Ahora vamos a dedicar dos días para conocer un poquito más de esta gran metrópoli y aprovechar la compañia de Cecile y Leandro que retornan a Europa el día 8 y 9 respectivamente. Juan todavía estará conmigo hasta el día 13 que vuela a Perú y volverá a España el día 18 después de un montón de escalas y de horas. Suerte que por lo menos tiene un billete de vuelta con otra compañía y puede volver.

Nos despedimos con besos fortísimos y por supuesto deseandoos todo eso que parece que sólo se desea cuando comienza un año nuevo.

¡Hasta muy pronto!

martes 29 de diciembre de 2009

Glaciares, Pingüinos y una gran compañía

Que ilusión me hace escribir el ultimo post del año a tiempo. Digo a tiempo porque no estaba muy seguro de poder contaros nuestras aventuras antes de que finalizara el mes y tenía ganas de despedir este año con nuestro post número 20.

La razón de por qué no tenemos casi tiempo es que hemos entrado en una etapa nueva del viaje completamente diferente. Hemos pasado del relax y la casi total improvisación a tener los días contados y viajar con unos objetivos muy claros.

Nuestro grupo por fín está completo. A partir de ahora y durante los primeros días del año que entra inminentemente seremos cuatro mochilerxs. El último cervecero que se unió para vivir esta fantástica experiencia viajera es mi gran amigo Leandro, un galeguín con el que compartí millones de historias durante mi estancia en Irlanda. Es una ilusión grandísima reencontrarme con él después de casi cinco meses y por supuesto es aún mejor el encontrarnos tan lejos de nuestros lugares de origen.









La "prisa" que tenemos ahora viene precisamente porque Leandro y Cecile van a dedicar dos semanas largas para disfrutar de sus merecidas vacaciones de navidades y es por eso que hemos diseñado una agenda con días y destinos que conocer para aprovechar el tiempo al máximo.

El tan esperado último reencuentro fue el día 23 en la turística villa de El Calafate, lugar que pilla más a mano para conocer el Parque Nacional de los Glaciares, otra maravilla de esta variadísima Patagonia.




Nuestro interés estaba centrado principalmente en el glaciar Perito Moreno aunque no había plazas en la agencia que ofrece un tour para hacer un trekking sobre el mismo hasta dos días después y que realmente nos emocionaba.

Hicimos tiempo para pasar una cena de Nochebuena diferente al ser completamente vegetariana y echando de menos a la familia para poder conocer el glaciar un día después del de Navidad. Antes de que preguntéis, Cecile y Leandro no son vegetarianxs pero no opusieron resistencia a la dieta que les ofrecimos. Comimos hasta reventar sin desperdiciar ni una miga, vimos muchos fuegos artificiales y brindamos con otrxs huéspedes muy simpáticxs.





Aún acostandonos tarde, el día de Navidad reunimos energías para madrugar e ir a caminar por la montaña y respirar aire puro. El objetivo era obtener unas buenas vistas del cerro Fitz Roy pero la niebla y la lluvia no nos dejaron. Aun así pasamos un día estupendo y pudimos ver algunos cóndores volando.Nuestra comida navideña fue a base de bocadillos de Palta (nombre que se le da al aguacate por estos lares) con queso y tomate. Tan riquísimo como humilde.

Todas las ilusiones se elevaron al máximo cuando al día siguiente nos fuimos a conocer el glaciar que ya nombré antes. Este lugar es dificil de describir, como tantas otras maravillas que vamos conociendo a lo largo del viaje. Una mole de hielo que descansa entre montañas y que va escupiendo restos de agua congelada que después de 300 años mueren en el llamado lago Argentino.












El trekking sobre el hielo nos pareció breve, pero es que creo que todo se queda corto para satisfacerse con la belleza natural de este glaciar. Desde el momento en que nos calzamos los crampones fue imposible el parar de hacer fotos. No es como caminar sobre nieve porque está formado de hielo puro (como sobre el que reposan los pescados muertos en las pescaderías ) y la luz del sol reflejada en el hielo forma tonos de azul bellísimos. La espera de dos días para caminar sobre él nos mereció muchísimo la pena y volvimos a El Calafate completamente emocionadxs.












De allí salimos al día siguiente para iniciar un largo viaje en bus de unas veinte horas con diferentes escalas para durante el día de ayer llegar al lugar desde donde tecleo: Puerto Madryn.
Esta ciudad es el punto más importante en cuanto a población y recursos para visitar la Península Valdés.

Para poder aprovechar a tope y después de pegarnos un chapuzón en la playa alquilamos un coche para ir a pasar la noche en Puerto Pirámides, situada a unos cien kilómetros. De esta manera ahorrábamos esta distancia durante el día de hoy, que hemos dedicado completamente a hacer el anillo de la península.













Hemos pasado un día genial de coche viendo las diferentes colonias que durante esta época del año se dejan ver. Leones, elefantes marinos y pingüinos. Es realmente increíble ver estas especies en su hábitat natural y sobretodo en grupos tan numerosos. Los animales más simpáticos han sido los pingüinos, que hemos podido ver a dos metros de distancia y que no se asustan lo más mínimo al encontrarse tan cerca de humanos.







Quizá menos impresionantes de ver pero también curiososos han sido los huanacos y un par de ñandús.

Nos fuimos de allí con una buena espinita clavada en el corazón y es que hace ocho días que se avistó la última ballena y no hemos llegado a tiempo para poder ver al gigantesco mamífero. Tampoco hemos visto orcas y todo esto nos deja unas buenas ganas de volver por aquí en un futuro.

Tras casi 500 km hemos llegado de vuelta a Puerto Madryn, donde hacemos noche y mañana partiremos hacia nuestro próximo destino: Mar de Plata. Aquí no nos encontraremos muy lejos de Buenos Aires e intentaremos pasar una Nochevieja completamente novedosa en una de sus fabulosas playas.

Me despido de parte de lxs cuatro con muchísimos besos y abrazos. ¡Seguiremos contando muy pronto! Nos leemos el año que viene y nos impacientéis por hacerlo, que ya no queda tanto. ¡Sed muy felices!

PD. Os queda una hora de 2009 en la península. Actualizo las fotos y nos despedimos con una de ellas tomada hace un par de horas para despedir este año como queríamos: en ¡la playita!




¡Hasta el año que viene!

martes 22 de diciembre de 2009

Bariloche y una mochilera más.

Dentro de la Patagonia Argentina se encuentra la Región de los Lagos y San Carlos de Bariloche o Bariloche a secas es el principal núcleo de población y de turismo. Esta ciudad, vigilada por el giganteso lago Nauhel Huapi es una excelente punto para disfrutar de muchos más lagos, montañas nevadas y verdísima vegetación.








Llegamos allí con un objetivo claro: El reencuentro de Juan con su amor Cecile que se unió a nosotros muy felizmente para pasar el fin de año y principio del que viene y descubrir un poquito de la magia de este país. Ahora el grupo es de tres pero mañana mañana es el día señalado para otro reencuentro y completar el grupo de cuatro. Ya os contaremos a su debido tiempo, ahora os contamos lo que hemos hecho estos tres últimos días.

Durante la escala en San Martín de los Andes que os contábamos en el anterior post nos encontramos en la estación de buses con un sudafricano llamado Christopher que también iba camino de Bariloche y al que le pareció estupenda la idea de que alquilaramos un coche entre todxs para conocer la denominada ruta de los Siete Lagos.

Nada más llegar a Bariloche consultamos la oferta de alquiler y nos hicimos con un auto que resultaba muy económico y además era nuevo a estrenar.

El coche nos sirvió para transportarnos al hostel donde nos alojamos, una lindísima casa de madera a los pies del lago con muy buenas vistas a los montes que se encontraba a unos siete kilómetros del centro.

Al día siguiente desde bien temprano pude comenzar a apagar mi síndrome de abstinencia de conducción trás más de 300 km conociendo esta preciosísima ruta. Realmente el paisaje aunque bello es bastante uniforme y al final del día acabamos completamente saciados de ver lagos.




















Esa noche volvimos a dormir en el mismo hostel, que dejamos al día siguiente para poder estar más cerca de la ciudad y no depender de transporte. No solemos hablar mucho de los alojamientos donde estamos, pero este nos hizo sentir maravillosamente, un sitio muy tranquilo, bonito, cuidado, super bien equipado y con unos dueñxs amabilísimxs.

Tras realojarnos en otro sitio iniciamos la excursión al Cerro Campanario, un lugar desde donde se obtienen unas preciosas vistas dificilmente descriptibles incluso con las fotografías. Creo que repetí varias veces que esta zona recuerda un montón a Suiza (y eso que nunca he estado en Suiza).
















Precisamente esta tarde la pasamos en la denominada Aldea Suiza que fue formada por inmigrantes suizos donde bebimos cerveza artesanal y a la que llegamos a dedo (ya vamos adquiriendo práctica).

Nuestro último día allí también lo pasamos con Christopher, con el que compartimos alojamiento en nuestro nuevo hostel. Esta vez en autobús fuimos a conocer el Lago Gutierrez y la Cascada de los Duendes. La verdad es que creo que le dedicamos el tiempo que se merece a esta zona ya que es un sitio que relaja un montón y en el que dan ganas de quedarse, pero el paisaje resulta poco novedoso tras tres días.










Mañana tenemos que estar en El Calafate para el reencuentro que comentaba más arriba, pero la distancia que separa a esta ciudad y a Bariloche es equiparable a la de Madrid con Frankfurt.

Después de compartir una cerveza de despedida con Chris tomamos un bus nocturno durante catorce horas para iniciar el largo viaje. Ahora escribo desde la primera escala, en la poco interesante ciudad de Comodoro Rivadavia, a orillas del Atlántico donde estamos pasando ocho horas.

Esta noche volveremos a dormir en un bus cama en un viaje que durará once horas para llegar a Río Gallegos y de ahí tomar un último colectivo durante otras últimas cuatro.

Como noticia del día, Juan (y yo) se solidariza con trabajadorxs y extrabajadorxs de Air Comet ya que nos hemos enterado de que la compañía ha cerrado y un montón de gente se va a ir a la calle. Este comentario no tendría sentido en este blog si no fuera porque Juan tenía el billete de vuelta a Madrid comprado con esta compañía así que ahora estaremos atentos a como se desarrolla el culebrón y ver de que manera vuelve Juan a Europa.

Nos despedimos muy calurosamente, deseando unos felices reencuentros, comilonas y todo eso que se dice a finales de Diciembre. Sinceramente el espíritu de la Navidad no esta muy vivo en nosotros y aún es más dificil de sentir cuando vistes pantalón corto y tienes la piel quemada por el sol pero aún así os deseamos toda la felicidad del mundo y no solo en estas fechas si no todos los días. Un beso muy muy fuerte.

martes 15 de diciembre de 2009

Persiguiendo los Andes

¡Hola de nuevo, estimadísimxs! Nos encontramos en la tranquila y apacible localidad de Junín de los Andes, a los pies de esta larguísima cordillera. Para llegar hasta aquí hemos pasado una semanita de aventuras y kilómetros que paso a contaros ordenadamente:

La última vez que pulsaba las teclas os contábamos que estabamos en Malargüe, un pueblito no muy lejos de los Andes al que fuimos con un objetivo claro: Conocer La Payunia, lugar con la mayor densidad de volcanes del mundo situado a 200 km de allí.

Para llegar contratamos un tour organizado pese a que no nos gusta este modelo de conocer las cosas. No tuvimos más remedio que optar por este método ya que el sitio está muy lejos y el acceso es complicado. De esto se aprovechan las agencias para ofrecer un precio bastante elevado. Por si fuera poco, tuvimos que esperar un día para que la agencia formara un grupo de mínimo cinco personas.

Durante este día de espera fuimos a conocer los Castillos de Pincheira, una formación natural en la ladera de una montaña muy pintoresca. Al encontrarse a casi 30 km de Malargüe, y no habiendo transporte público para allá decidimos probar por primera vez eso del Auto-Stop.

Nos recogió un R12 ranchera conducido por una mujer que jamás había conducido anteriormente y que no tenía licencia de conducción. Estaba siendo enseñada por un hombre que hacía las veces de copiloto. Antes de subir nos explicaron el panorama por si no nos atrevíamos a subir, pero debido al poco tráfico que había por ahí decidimos aventurarnos, con final feliz. Llegamos de una pieza tras unos cuantos kilómetros de "eses" y acercamientos bruscos a los límites de la carretera. ¡Que bonita experiencia para contar!













Tras tomar estas fantásticas instantáneas y dormir una siesta de libro, retornamos a la ciudad a bordo de un bus escolar que había pasado un día de excursión allí y que estaba repleto de hordas de niñxs a punto de comenzar sus vacaciones de verano. Si, nosotros estamos en verano y el curso acaba ahora y no empieza hasta Marzo, que morro, ¿eh?

Bien temprano al día siguiente comenzamos nuestra excursión hacia la zona volcánica. Antes de llegar conocimos a estos simpáticos animalitos.









Este sitio realmente parece otro planeta. El suelo está formado por lo que en un pasado fue lava pura, ahora pequeñas piedrecitas. Practicamente no hay vegetación y la que hay es bastante poco alegre. Hay volcanes allá donde mires y restos de lava que forman figuras tan curiosas como estas.



La lava en estado sólido es bastante ligera y por un momento pudimos sentirnos muy forzudos levantando piedras de gran tamaño pero que realmente no eran muy pesadas.














El tour consistió basicamente en lo que consiste un tour organizado, se avanza con la furgo llena de turistas, se para para hacer las fotos y se continúa. Realmente descubrimos lugares increíbles pero no nos dió tiempo a sentir la evasión de este mundo para introducirnos en lo que nos inspiraba el lugar.







Volvimos a Malargüe después de una sobredosis de kilómetros y furgo para esa misma noche iniciar un largo viaje diciendo hasta luego a la cordillera más larga de América y casi del mundo. El objetivo era llegar donde nos encontramos ahora, Junín de los Andes, pero las comunicaciones en esa zona no son buenas y tuvimos que tomar un montón de combinaciones.

La primera fue retroceder unos cientos de kilómetros al norte hasta San Rafael, donde llegamos a las 3 de la mañana y teníamos que esperar hasta las 22h. Cuando amaneció tras unas cervezas de madrugada y sin dormir más que una siesta parquera decidimos aprovechar para conocer el dique de Valle Grande, un precioso lugar donde pasamos la mayor parte del día, nos refrescamos y conocimos a diferentes personas.







Tras el viaje nocturno durmiendo como bebitos, llegamos a Cipolleti donde esperamos otro par de horas y tomamos el último bus rumbo a nuestro destino final tras casi 48 horas sin posarnos sobre una cama. Así fue nuestra entrada en la región de La Patagonia.

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Este apacible pueblo es una buena vía de exploración del Parque Nacional Lanín, una región con varios lagos, diferentes rutas de trekking y vigilado por su vistoso volcán. También viene mucha gente de otros lugares a para la pesca de la trucha, afición que desde luego poco va con nosotros.

Tras un día de merecido relax, paseos por el río y por el cerro y cocinarnos comidas apetitosísimas, nos preparamos para hacer un trekking hasta la mitad del volcán. Para ello, madrugando bastante tomamos un bus que nos dejó en sus pies para comenzar a caminar a las ocho de la mañana. Nos volvió a pasar que al inicio de la marcha nos encontramos con un perrito simpatiquísimo que nos acompañó durante todo el trayecto dándonos un poco de cariño y ayudándonos haciendo de guía.













Realmente estamos en forma y la marcha que nos decían duraba entre tres y cinco horas la clavamos en tres. Durante varios puntos el camino estaba cubierto de nieve y empinado ya que ascendimos subiendo directamente por la ladera de la montaña. La meta fue un refugio militar donde a partir de ahí el camino es todo el rato sobre nieve y no contábamos con el equipo necesario.








Las vistas desde ese punto eran simplemente increíbles. La cordillera andina a un lado, varios lagos y más montañas cubiertas de nieve nos hicieron pensar que nos encontrábamos ante lo más bonito que hemos visto de Argentina hasta ahora. Después de relajar cuerpo y mente iniciamos la bajada con nuestro amigo canino.

Para volver a Junín volvimos a tirar de dedo gordo y con paciencia fuimos recogidos y devueltos. La verdad es que es un sistema que funciona muy bien en este país. No está mal visto sino todo lo contrario. Durante el camino ya hemos conocido varias personas que usan este método ultra económico de viajar.

Mañana escapamos de aquí para conocer San Martín de los Andes, pasar la tarde en Bariloche y tratar de llegar a El Bolsón. Pero no voy a adelantar acontecimientos y si veo que merece la pena actualizaré mañana con las fotos y como hemos dedicado el día. ¡Muchos besos andinos!
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17/12/09

Actualizo el post con un chorrón de fotos y aprovecho para contaros un poquito más:

San Martín de los Andes es una muy bonita localidad más grande que Junín y mucho más turística. Es un sitio muy agradable que descansa a las orillas de un lago y que tiene sus calles repletas de árboles y rosales. Pocas horas estuvimos mientras esperábamos el bus a Bariloche, pero anduvimos un buen paseo hasta lo alto de un monte donde apreciamos la magnitud del lago.











En Bariloche tan sólo estuvimos para hacer transbordo hacia El Bolsón (lugar desde donde escribo) aunque mañana mismo volvemos allá para encontrarnos con la nueva mochilera cervecera que se nos unirá al viaje.

Este pueblo tiene fama de ser uno de los pueblos más jipis de Argentina. Hay varias fábricas de cerveza artesanal y todos los días se puede disfrutar de un mercado de artesanía en la plaza central donde también se puede degustar variada comida vegetariana. Sus alrededores son montañas forradas de árboles que forman profundos bosques y ríos con cascadas.




Para aprovechar bien el día, nos hicimos con unas bicicletas de alquiler y pedaleamos con fuerza para ver el río Azul, la Cabeza del Indio y un par de cascadas que ahora bajan fortísimas debido al deshielo. Tras el ejercicio físico y como no podía ser de otra manera nos comimos unas milanesas de soja con un litro de cerveza local tirados en la plaza central.















Como habéis podido comprobar esta región promete un montón. Nos despedimos ya con muchos besos Patagónicos y agradeciendo de corazón los comentarios que aún sin fotos han aparecido rapidísmo. ¡Hasta muy pronto!