miércoles, 3 de febrero de 2010

Colombia

¡Hola afamadxs! Bienvenidxs otra vez a otro episodio de mi aventura en su etapa final: Colombia. Este mes me voy a dedicar a conocer este país que tiene maravillosas costas, sierras y selvas. Creo que con el tiempo que tengo tan solo me va a dar tiempo a olisquear un poco sus aromas y a poco más. En los lugares en los que de momento he estado dan ganas de quedarse días y días y la fecha de vuelta ahí está.

Pero voy a retornar a Bogotá, donde os conté que aterrizé hace ahora semana y media.

Nada más llegar me sorprendió una manera de hablar en general muy amable, tanto los trabajadorxs del aeropuerto como los chóferes de los taxis. Muy común aquí en las tiendas y puestecitos de la calle es que el vendedor o vendedora atraiga tu atención u ofrezca su ayuda diciendo: ¡A la orden! Lo que en España serían palabras a nivel de régimen militar aquí equivale a un: ¿Puedo ayudarle?

También me chocó el que lxs motoristas están obligados a llevar un chaleco refelectante con el número de matrícula serigrafiado en pecho, espalda y también en el casco. Esto se debe a que en una época de mayor peligrosidad era más facil reconocer a un posible piloto bandolero si se bajaba de la moto e intentaba escapar...

Las calles están llenas de gente que ofrece teléfonos móviles para si no tienes saldo llames a quien quieras con tarifas mucho más económicas que una cabina de teléfono. Esto ya lo había visto en Perú y Bolivia pero aquí en Colombia se encuentran en practicamente todas las esquinas.






En Bogotá estuve tres días. Como ya contaba fui maravillosamente acogido en casa de Moniq, una bogotense que estudió en Madrid, amiguísima y compañera de la facultad de mi hermana Cris. Fue bonito verla despues de ¿seis años? y escuchar su auténtica forma de hablar colombiana, no aquella que tenía cuando estaba en Madrid jaja. Te lo dije mil veces pero te lo sigo diciendo, muchas gracias por todo majísima.

Conocí su centro histórico, el barrio de la Candelaria, subí al cerro Monsterrate para conocer la amplitud del nucleo urbano. Fui al Museo del oro y otro moderno museo de ciencias llamado Maloka al que además entré gratis gracias a una amiga de Moniq. También viajé solo en el Transmilenio, un interesante sistema de buses que funcionan en un carril exclusivo. Es como un metro por encima de la tierra.







En fin, hice todo lo que se suele hacer en estas grandes capitales menos salir de rumba (fiesta) porque no me coincidió en fin de semana.







Salí de Bogotá para pasar unas horas en Zipaquirá y conocer su catedral de sal. Es un sitio único en el mundo porque es una catedral construida en los intestinos de una antigua mina de sal y aledana a una mina que se sigue explotando. Tienen varios pasadizos y grutas en los que han construido un abstracto corpus cristi y por supuesto también tiene su altar y todos los elementos de una catedral, pero hechos en su mayoría de sal.

Por la noche llegué a Villa de Leyva, un agradable pueblito de calles empedradas con arquitectura colonial con una plaza Mayor bastante grande y característica. En esta plaza por la noche se juntan grupos a beber botellines por 50 cts de euro y se genera un ambiente muy agradable.

Al día siguiente conocí las cascadas de Periquera en un agradable paseíto por la montaña. Me encantó reencontrarme con la naturaleza y refrescar los pies en el río. También subí a un cerro con un pequeño Cristo donde obtuve una placentera sensación de relax incluso con las tormentas que desde ahí se veían en los alrededores y que amenazaban con llegar a donde yo me encontraba. Ni una gota me cayó.

Mi siguiente viaje fue a la localidad de San Gil, también a modo de escala, donde conocí el Parque Natural de El Gallineral, una pequeña concentración de una especie de árbol que se llama Gallinero y del que cuelgan unas plantas que le dan aspecto de barbas. Un lugar bello aunque me pareció más un jardín que un parque natural.

Desde aquí dormí en mi primer bus con placa colombiana para llegar a Santa Marta y rapidamente tomar la conexión a Riohacha. Este lugar en La Guajira a orillas del Caribe es la puerta para explorar el Cabo de la Vela, situado en un desierto en una zona muy septentrional y no lejos de Venezuela. Contraté un tour para pasar dos días y una noche en este sugerente sitio.

La noche antes de salir conocí Riohacha en fiestas, con vallenato en directo en la playa, buen ambiente, mucha gente por las calles. Este ambiente lo aprovecharon dos amigos de lo ajeno en un momento de descuido y fuí despojado de una de mis pertenencias más valiosas entre otras: mi cámara de fotos.

No quiero contaros como fue porque no tiene importancia, me ha dado que aprender y es mejor que me haya pasado ahora que todavía no tenía muchas fotos de Colombia.

La excursión que empezó bien pronto a la mañana siguiente me hizo olvidar un poco el disgusto. El grupo de gente con el que viajé era para hacer una película. Por una parte una pareja de novixs colombiana y argentino, ella de 24 años y el de 60. Este señor tuvo un detalle maravilloso conmigo. Conociéndome de quince minutos y tras escuchar la historia de mi asalto me ofreció su cámara y me dió su dirección de Buenos Aires para que se la enviara cuando acabara el viaje. Me di cuenta en breve periodo de tiempo de que hay gente mala y que hay gente buena.

La otra pareja que cerraba nuestro grupo de cinco también era peculiar. Dos chicas de Medellín que estaban de guayabo (resaca)y que nada más subir al Jeep en su hotel estuvieron bebiendo cerveza y aguardiente "para curarse" jajajaja.

El último personaje era el guía-conductor Don Ramón, un venezolano de sesenta años que no paraba de reírse y de contar historias con su característico acento. Este hombre es de origen Wuayúu, los aborígenes de La Guajira y no paró de saludar a primos y primas durante el camino de los dos días por supuesto hablando su lengua.

Después de cargar gasolina de contrabando venezolana empezamos nuestro viaje.




La mayor parte del camino fue cruzando el desierto. En Manaure conocimos sus explotaciones de sal y pude escalar una montaña hecha exclusivamente de sal.


También pasamos por Uribia antes de llegar al ya citado Cabo donde nos bañamos en la playa y después disfrutamos de una puesta de sol maravillosa, limpia de nubes y con el sol en forma de bola roja incandescente.












Mientras tanto, la pareja de colombianas no paró en todo el día de curar su resaca y el resto del grupo nos unimos al aguardiente antioqueño. Por la noche terminamos las reservas en la playa alumbrados por una luna que parecía una farola. En este escenario las chicas me acabaron confesando que vivían juntas, que eran pareja y que ya tengo sitio para dormir en Medellín. Unas personajas jajaja.

La noche la pasé en una hamaca a orillas del mar donde dormí como un bebé y donde amanecí saludado por la tranquilidad de El Caribe. Surcando el desierto en el Jeep alcanzamos el cerro Pilón de Azucar y nos dimos otro refrescante baño en la playa antes de volver a comer para retornar a Riohacha.

















Tras despedir al grupo y devolver la cámara como gesto de humildad a tan amable señor pasé otra noche en esta ciudad y al día siguiente (ayer) retorné donde me encuentro ahora, la ciudad de Santa Marta. Aquí me he hecho con otra cámara ya que realmente un viaje y un blog sin fotos es como una cena de amigos sin cerveza así que estoy otra vez listo para mostraros los colores de mi aventura.

En el día de hoy he conocido Taganga, una zona con playas a quince minutos de aquí mucho más bonitas que la de la propia ciudad y donde he disfrutado de un maravilloso día de sol. Estoy aprendiendo a estar solo y aunque va bien, es cosa menos facil de lo que pensaba.









Agradezco mucho la libertad de la soledad y estoy reflexionado y pensando en muchas cosas lo cual es maravilloso pero es cierto que echo de menos a mi compañero de viaje Juanín. También llegados a este punto de viaje, después de casi cinco meses sin parar echo de menos a otras personas y lugares. Pero no os cuento esto como algo malo, ni mucho menos, tengo muchísimas ganas de aprovechar a tope y seguir el ritmo hasta que vuelva en un mes escaso.





Mañana me voy para Cartagena de Indias donde espero pasar un fin de semana inolvidable. Ya os contaré. Me despido con la sensación de haberos contado muchísimas cosas. Voy a tratar de recopilar fotos de internet para mostraros algo de las que perdí pero lo haré en otro momento.

Mil millones de besos y muchísimas gracias por leerme.

7 comentarios:

  1. Hermanoooooooo!!! Me sigues dando una envidia sana tremenda. Sigue disfrutando (ante todo cuídate mucho a ti y de lo indeseable)y recopilando experiencias tan increíbles. Sabes que del otro lado del mundo se te echa mucho de menos. Besos a mi viajero favorito. M

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  2. Envidia!
    Sueño!!
    Ya has viajado muhco por Colombia, mi tierra querida!
    Tambien en Bogota hay el museo Botero.
    Otra cosa es, un fin de semana por la noche, subir a La Calera para ver la vista, comer pinchos y beber una bebida caliente tradicional con canela, panela, limon y alcohol mirando chivas llenas de jovenes con musica. Mejor si puedes subir en una de esa.
    Y otra cosa pero es el domingo por la mañana (no se si estaras de pie ;-) !), aprovechar de la ciclovia, cerran unas calles hasta las 14h para pasear andando o corriendo o con bici o patines, fuimos hasta Usaquen, un barrio muy agradable.
    Bueno Karlos, disfruta a tope!
    Besicos.
    Anso

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  3. Hermanita, que comentario más guay, yo también te echo mucho de menos... thanks! I love you.

    Anso, creo que no voy a volver a Bogotá... el museo Botero me quedó por ver pero me parecía interesante. A la Caleta subí por la tarde pero las nubes estaban rebeldes y la vista era un poco gris. A ver si consigo unas fotos de las amigas que dejé ahí y subo alguna.

    Muchos besossssss

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  4. ke cabrones ya no puedo ver fotillos! Te veré en los madriles cuando vuelvas y me lo contarás tó ehh!!! antes de irme pa Francia, que ya me está orientando er Juan...

    de Perita!

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  5. Suena super, me encantaría hacer ese recorrido también.

    ¿Cuando tiempo te demoraste haciéndolo?

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    1. Hola muy buenas, es bonito ver que tras tres años este blog sigue sirviendo de ventana. El recorrido de este post, desde Bogotá hasta Santa Marta, me llevó un poquito más de una semana. ¡Espero que puedas hacer este viaje!

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  6. Saludos desde Chapinorte Hostel en Bogota www.chapinortehostelbogota.com

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